Es posible que duerman las estrellas,
en el cielo, ese sueño tan bonito,
y que salgan despacio de sus ojos,
esas luces tan lindas con sus guiños.
Yo no sé si ahora duerman las estrellas
y si tú las contemplas con alivio,
y tampoco yo sé si estás despierta
y me esperas temblando, y no de frío.
Sin embargo yo escribo lo que siento,
mientras dejo en las letras un suspiro,
estos versos que nacen en la noche
y que buscan temblando tu vestido.
Tu vestido, lunita soñadora,
el que extiendes al mar con gran sigilo,
el que llevas al baile de los dioses
a ese vals con las olas y marinos.
Hay un coro de mares y sirenas,
y su canto se eleva complacido,
a las dulces estrellas que dormitan,
a los astros que marcan el destino.
El salitre se mete por tu pelo,
hay un halo de luz que no defino,
es tu linda silueta que se estira
y que llega a mi lado con cariño.
Yo te beso mi luna soñadora,
mientras siento la sal y tus latidos,
ese olor del salitre que me llega,
la resaca que deja mil sonidos.
Es un sueño, quizás, estar despierto,
es un sueño sentir esto que vivo,
y captar tu presencia y tu fragancia
con el cielo y el mar que se han dormido.
Pero esta es la vida que me ofreces,
y yo acepto este sueño de los niños,
con la imagen sagrada que venero,
que nos deja en el mar su colorido.
Ese blanco perfecto de tu cara,
ese rostro tan bello y tan divino,
que a mi alma la deja tantas cosas,
esa paz y esa calma con tu brillo.
Es posible que duerman las estrellas
y que tú las protejas con tu abrigo,
en el brazo paciente de tus alas,
donde sueño y me marcas el camino.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/02/09
en el cielo, ese sueño tan bonito,
y que salgan despacio de sus ojos,
esas luces tan lindas con sus guiños.
Yo no sé si ahora duerman las estrellas
y si tú las contemplas con alivio,
y tampoco yo sé si estás despierta
y me esperas temblando, y no de frío.
Sin embargo yo escribo lo que siento,
mientras dejo en las letras un suspiro,
estos versos que nacen en la noche
y que buscan temblando tu vestido.
Tu vestido, lunita soñadora,
el que extiendes al mar con gran sigilo,
el que llevas al baile de los dioses
a ese vals con las olas y marinos.
Hay un coro de mares y sirenas,
y su canto se eleva complacido,
a las dulces estrellas que dormitan,
a los astros que marcan el destino.
El salitre se mete por tu pelo,
hay un halo de luz que no defino,
es tu linda silueta que se estira
y que llega a mi lado con cariño.
Yo te beso mi luna soñadora,
mientras siento la sal y tus latidos,
ese olor del salitre que me llega,
la resaca que deja mil sonidos.
Es un sueño, quizás, estar despierto,
es un sueño sentir esto que vivo,
y captar tu presencia y tu fragancia
con el cielo y el mar que se han dormido.
Pero esta es la vida que me ofreces,
y yo acepto este sueño de los niños,
con la imagen sagrada que venero,
que nos deja en el mar su colorido.
Ese blanco perfecto de tu cara,
ese rostro tan bello y tan divino,
que a mi alma la deja tantas cosas,
esa paz y esa calma con tu brillo.
Es posible que duerman las estrellas
y que tú las protejas con tu abrigo,
en el brazo paciente de tus alas,
donde sueño y me marcas el camino.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/02/09

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