
Pasan volando las aves
porque termina el invierno,
vienen quizás de otros lados
a los aleros eternos.
Llegan palomas y garzas
con los alegres jilgueros,
y las ruidosas cigarras
mandan sus voces al cielo.
Marcha el pastor hacia el campo
a desbrozar los terrenos,
a preparar los cultivos,
que dén comidas y piensos.
Sale el pastor por el valle
sube collados y puertos,
silban sus labios deprisa
viene corriendo su perro.
Van a mirar los caballos,
esos potrancos inmensos,
que con sus yeguas altivas
trotan en paz y contentos.
También esperan las vacas,
esas tudancas de negro,
que con sus caras tan serias
sacan al aire sus cuernos.
Quizás esperan sus vientres
el engendrar los terneros,
que traigan leche a sus ubres
que rompan pronto el silencio.
Que rompan si, tanta calma,
y que la manden al viento,
llevando allí sus mugidos,
esos reclamos intensos.
Abajo queda la Puebla
con sus historias y cuentos,
en esas piedras labradas
por tantas manos y el tiempo.
Salen al mar los marinos,
cantan y bogan los remos,
van a buscar el pescado
en sus veleres pequeños.
Queda la plaza tranquila,
se oye la voz del maestro:
"nueve por diez son noventa,
y diez por diez ya son ciento".
Y van los niños cantando
ese cantar tan sereno,
que antes cantaron sus padres
y antes también sus abuelos.
Pero la historia se labra,
hace camino el arriero,
y va marcando sus pasos,
pasitos si, por el suelo.
Yo sólo quiero cantaros
y ser feliz con mis versos,
ellos no buscan la fama
quieren llegar a tu pecho.
Quiero que rocen tu cara,
quiero que besen tu pelo,
y que tus ojos se animen
sacando luz y luceros.
Y manden luz a la vida
ahora que marcha febrero,
y cuando marzo se acerca
diciendo adiós a este invierno.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/02/09
porque termina el invierno,
vienen quizás de otros lados
a los aleros eternos.
Llegan palomas y garzas
con los alegres jilgueros,
y las ruidosas cigarras
mandan sus voces al cielo.
Marcha el pastor hacia el campo
a desbrozar los terrenos,
a preparar los cultivos,
que dén comidas y piensos.
Sale el pastor por el valle
sube collados y puertos,
silban sus labios deprisa
viene corriendo su perro.
Van a mirar los caballos,
esos potrancos inmensos,
que con sus yeguas altivas
trotan en paz y contentos.
También esperan las vacas,
esas tudancas de negro,
que con sus caras tan serias
sacan al aire sus cuernos.
Quizás esperan sus vientres
el engendrar los terneros,
que traigan leche a sus ubres
que rompan pronto el silencio.
Que rompan si, tanta calma,
y que la manden al viento,
llevando allí sus mugidos,
esos reclamos intensos.
Abajo queda la Puebla
con sus historias y cuentos,
en esas piedras labradas
por tantas manos y el tiempo.
Salen al mar los marinos,
cantan y bogan los remos,
van a buscar el pescado
en sus veleres pequeños.
Queda la plaza tranquila,
se oye la voz del maestro:
"nueve por diez son noventa,
y diez por diez ya son ciento".
Y van los niños cantando
ese cantar tan sereno,
que antes cantaron sus padres
y antes también sus abuelos.
Pero la historia se labra,
hace camino el arriero,
y va marcando sus pasos,
pasitos si, por el suelo.
Yo sólo quiero cantaros
y ser feliz con mis versos,
ellos no buscan la fama
quieren llegar a tu pecho.
Quiero que rocen tu cara,
quiero que besen tu pelo,
y que tus ojos se animen
sacando luz y luceros.
Y manden luz a la vida
ahora que marcha febrero,
y cuando marzo se acerca
diciendo adiós a este invierno.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/02/09

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