domingo, 15 de febrero de 2009

HAY UN BANCO QUE MIRA AL HORIZONTE


Hay un banco que mira al horizonte
con un mar que se estira y despereza,
hay un sol que se oculta lentamente,
y unas nubes coquetas lo festejan.

Ese banco se encuentra muy tranquilo
junto al verde tapiz de la ribera,
contemplando la tarde que se marcha
y las olas tranquilas y serenas.

Sobre el banco se encuentran dos personas,
que abrazadas se miran y se besan,
bajo el marco tranquilo de la tarde
y el rumor que les deja la marea.

Hay dos pechos que laten sin descanso,
humildes corazones que aletean
y viven en presente todo aquello
y sienten las caricias que les llegan.

Los rayos de ese sol que ya se marcha
les manda en este ocaso su melena,
los rayos misteriosos y dorados
la bella partitura tan serena.

La música resuena en sus óídos,
las olas soñolientas se despiertan,
el sol ya se despide en esta tarde
dejando ese candor con su belleza.

Hay almas que dormitan en la tarde,
hay hombres que no viven, sólo sueñan,
sin embargo, en el banco que describo,
unas almas pacientes se recrean.

Se recrean y quieren tiernamente
mientras miran al sol que ya se aleja,
y contemplan las olas silenciosas
como buscan y abrazan las arenas.

Las arenas tan finas de la playa,
que se mezclan y mojan muy coquetas,
en un beso quizás interminable,
bajo el guiño que nace en las estrellas.

Hay dos seres viviendo este momento,
hay dos almas que sienten y que tiemblan,
es tu alma, mi dulce mariposa,
es la mía que tiembla en tu presencia.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/02/09

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