
Buscabas en tus sueños una estrella
tallada entre las sombras de la noche,
tus dedos se movían dulcemente
tocando el negro cielo con su roce.
Querías que bajaran los luceros
al mundo con sus lindas ilusiones,
las bellas fantasías de tus sueños,
envueltas con sus luces uniformes.
Buscabas una alegre mariposa
vestida con su traje de colores,
querías retener aquel momento,
el baile con la música y acordes.
Querías reluciera tu vestido
poniendo entre tus senos aquel broche,
las luces y guirnaldas que brillaban,
la flor de las eternas ilusiones.
Buscabas una mano que te diera
la paz con el sosiego que se esconde,
la alegre sinfonía de la vida,
la escala de los tiernos corazones.
Querías aquel pecho tan ardiente,
el mismo que robaste sus pasiones,
el pecho del amante de tu vida
el dueño de tus labios tentadores.
Buscabas la palabra que llevara
el vino tan sagrado de ese odre,
allí donde guardaban las reservas
y el néctar del amor y de los hombres.
Querías embriagarte con su vino,
dejar sobre su pecho tus rumores,
el suave escalofrío de tu vida,
el traje que llevabas sin escote.
Buscabas escapar de aquella cárcel,
huir de las cadenas y barrotes,
salir de las bodegas y penumbras
marchar con tu navío hacia otros soles.
Querías y buscabas esos sueños,
los mismos que tuviste desde joven,
por eso contemplabas las estrellas
despierta y contemplando sus fulgores.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/01/09
tallada entre las sombras de la noche,
tus dedos se movían dulcemente
tocando el negro cielo con su roce.
Querías que bajaran los luceros
al mundo con sus lindas ilusiones,
las bellas fantasías de tus sueños,
envueltas con sus luces uniformes.
Buscabas una alegre mariposa
vestida con su traje de colores,
querías retener aquel momento,
el baile con la música y acordes.
Querías reluciera tu vestido
poniendo entre tus senos aquel broche,
las luces y guirnaldas que brillaban,
la flor de las eternas ilusiones.
Buscabas una mano que te diera
la paz con el sosiego que se esconde,
la alegre sinfonía de la vida,
la escala de los tiernos corazones.
Querías aquel pecho tan ardiente,
el mismo que robaste sus pasiones,
el pecho del amante de tu vida
el dueño de tus labios tentadores.
Buscabas la palabra que llevara
el vino tan sagrado de ese odre,
allí donde guardaban las reservas
y el néctar del amor y de los hombres.
Querías embriagarte con su vino,
dejar sobre su pecho tus rumores,
el suave escalofrío de tu vida,
el traje que llevabas sin escote.
Buscabas escapar de aquella cárcel,
huir de las cadenas y barrotes,
salir de las bodegas y penumbras
marchar con tu navío hacia otros soles.
Querías y buscabas esos sueños,
los mismos que tuviste desde joven,
por eso contemplabas las estrellas
despierta y contemplando sus fulgores.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/01/09

2 comentarios:
Alguna vez me escribieron un poema de aquellos tiempos en que todavía era soñadora y veía en las noches las estrellas, gracias por recordármelo.
Un beso
Yo también en esa época era un soñador. Bueno aún lo soy, pero con los pies en el suelo. Lo malo es que sabía que estaba soñando y no sabía cómo despertar de aquella pesadilla.
Un abrazo Amy.
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