Pon el rumbo a tus sueños y navega,
por el mar tan eterno de la vida,
lograrás empaparte de salitre
y sentir de la brisa su caricia.
Un abrazo invisible te rodea,
unos dedos recorren tu barbilla,
una mano te excita los sentidos
con beso dejado en tu mejilla.
Soñador de los campos y caminos
haz que venga a tus labios la alegría,
no permitas que vuelen las gaviotas
sin mandar a los cielos tu sonrisa.
Las gaviotas se marchan presurosas
pero llevan ahora lo que envías,
un mensaje de vida y esperanza
con el dulce susurro de la brisa.
Caminante que pasas por los pueblos,
en los mismos recoge sus cenizas,
ya verás el tesoro que se esconde
en sus piedras y casas tan bonitas.
Hay tesoros ocultos en los pechos,
de las gentes que viven y que habitan,
mientras sudan y sacan los trabajos
entre cantos y risas tan sencillas.
Escritor que recojes con tu pluma
los momentos que deja el día a día,
haz que salga muy claro en el cuaderno
esa vida que vive y que palpita.
La del niño que juega entusiasmado,
la del joven amante que suspira,
la del hombre maduro que trabaja
y también del anciano que dormita.
Pon el rumbo a tus sueños y navega
por el mundo de cardos y de espinas,
lograrás que la esencia de los hombres
de la tierra se escape a la cuartilla.
Al final, lograrás que entre tus versos,
quede fiel ese canto de la vida,
y también abrazadas, para siempre,
las raíces profundas de tu villa.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/09
por el mar tan eterno de la vida,
lograrás empaparte de salitre
y sentir de la brisa su caricia.
Un abrazo invisible te rodea,
unos dedos recorren tu barbilla,
una mano te excita los sentidos
con beso dejado en tu mejilla.
Soñador de los campos y caminos
haz que venga a tus labios la alegría,
no permitas que vuelen las gaviotas
sin mandar a los cielos tu sonrisa.
Las gaviotas se marchan presurosas
pero llevan ahora lo que envías,
un mensaje de vida y esperanza
con el dulce susurro de la brisa.
Caminante que pasas por los pueblos,
en los mismos recoge sus cenizas,
ya verás el tesoro que se esconde
en sus piedras y casas tan bonitas.
Hay tesoros ocultos en los pechos,
de las gentes que viven y que habitan,
mientras sudan y sacan los trabajos
entre cantos y risas tan sencillas.
Escritor que recojes con tu pluma
los momentos que deja el día a día,
haz que salga muy claro en el cuaderno
esa vida que vive y que palpita.
La del niño que juega entusiasmado,
la del joven amante que suspira,
la del hombre maduro que trabaja
y también del anciano que dormita.
Pon el rumbo a tus sueños y navega
por el mundo de cardos y de espinas,
lograrás que la esencia de los hombres
de la tierra se escape a la cuartilla.
Al final, lograrás que entre tus versos,
quede fiel ese canto de la vida,
y también abrazadas, para siempre,
las raíces profundas de tu villa.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/09

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