Unas rosas muy lindas nos llegaron,
eran tres esas rosas tan preciadas,
parecían tres gotas del rocío
que una mano del cielo nos dejaba.
Y las rosas llegaron con suspiros
en la fecha precisa y señalada,
a dejar una fibra de dulzura
y ese toque sutil a nuestras almas.
Atrás quedan los años del pasado
con recuerdos cargados de nostalgia
y con rosas de pétalos marchitos
que en el fuego quedaron calcinadas.
Fueron tiempos lejanos de la vida
que cargamos de sueños y esperanzas
y murieron, quizás como las rosas,
en los pechos celosos, muy guardadas.
Renovamos quizás otras promesas
de regar estas rosas sin tardanza
que nos hagan vibrar los corazones
aspirando su esencia y su fragancia.
Fueron tres esas rosas que llegaron,
tres caricias surgidas de la nada,
tres gotitas de sangre redimida
en tres rosas preciosas y lozanas.
Y temblaron los pechos tan curtidos
y en los ojos brillaron unas lágrimas,
quizás eran las gotas del rocío
que las rosas tan lindas esperaban.
Pero tú, forjador de tantos sueños,
el que mezclas los mismos con palabras,
sabes bien el destino de las rosas
y también el mensaje que ellas guardan.
Esas rosas llegadas desde lejos
van a ti, corazón que las reclamas,
y pondras en un tiesto cada rosa
con el fin de regarlas y cuidarlas.
Y al final, cuando pasen otros años,
tú tendrás a tu rosa renovada,
esa rosa de tres que sólo es una,
una rosa luciendo en tu ventana.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 18/09/09
eran tres esas rosas tan preciadas,
parecían tres gotas del rocío
que una mano del cielo nos dejaba.
Y las rosas llegaron con suspiros
en la fecha precisa y señalada,
a dejar una fibra de dulzura
y ese toque sutil a nuestras almas.
Atrás quedan los años del pasado
con recuerdos cargados de nostalgia
y con rosas de pétalos marchitos
que en el fuego quedaron calcinadas.
Fueron tiempos lejanos de la vida
que cargamos de sueños y esperanzas
y murieron, quizás como las rosas,
en los pechos celosos, muy guardadas.
Renovamos quizás otras promesas
de regar estas rosas sin tardanza
que nos hagan vibrar los corazones
aspirando su esencia y su fragancia.
Fueron tres esas rosas que llegaron,
tres caricias surgidas de la nada,
tres gotitas de sangre redimida
en tres rosas preciosas y lozanas.
Y temblaron los pechos tan curtidos
y en los ojos brillaron unas lágrimas,
quizás eran las gotas del rocío
que las rosas tan lindas esperaban.
Pero tú, forjador de tantos sueños,
el que mezclas los mismos con palabras,
sabes bien el destino de las rosas
y también el mensaje que ellas guardan.
Esas rosas llegadas desde lejos
van a ti, corazón que las reclamas,
y pondras en un tiesto cada rosa
con el fin de regarlas y cuidarlas.
Y al final, cuando pasen otros años,
tú tendrás a tu rosa renovada,
esa rosa de tres que sólo es una,
una rosa luciendo en tu ventana.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 18/09/09

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