
Se acercan unas fechas señaladas
y quizás, con un poco de alegría,
las velas de los años que se cumplen
renueven ilusiones y sonrisas.
Atrás se quedan tiempos y nostalgias
cubiertos con su capa de ceniza,
momentos del pasado muy felices
con otros de tensiones y vigilias.
La marcha del reloj y el calendario
no sabe de estas cosas tan sencillas,
no sabe que los hombres somos seres
que amamos y sentimos todavía.
Amamos a unos seres que son nuestros,
que forman con nosotros la familia,
sentimos como sienten los mortales,
llorando y sonriendo cada día.
Así nos despertamos, recordando,
llegando con laureles a la cita,
un antes con vacío y con la nada
y luego con las velas que iluminan.
La vida se compone de fragmentos,
de suaves y de dulces melodías,
en una caminamos paso a paso
y en otras hay un alma que palpita.
¡Ay viejo corazón, sigue latiendo,
bombea nuestra sangre más deprisa!,
el tiempo no se para ni detiene,
nosotros somos solo una cerilla.
Un día se encendieron unas velas,
quedaron en la vida suspendidas,
y brillan en la noche de los sueños
en medio de los cielos y la brisa.
Formamos ese coro, sin saberlo,
de ángeles, de obreros y de artistas,
con tiernos barrenderos, sonrientes,
que limpian nuestras sobras de sus migas.
¡Ay rudo corazón, ya envejecido!,
no busques tras las puertas y vitrinas
recuerdos y secretos del pasado
pues estos van contigo en su barquilla.
Y van en esa nave misteriosa
que parte día a día en la bahía,
se marchan con la aurora y la alborada
en busca de la esencia de la vida.
La vida es ese algo, que en nosotros,
nos dice en un susurro, mientras grita,
que amemos más allá de nuestras fuerzas,
con fé, con ilusión y valentía.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 15/09/09
y quizás, con un poco de alegría,
las velas de los años que se cumplen
renueven ilusiones y sonrisas.
Atrás se quedan tiempos y nostalgias
cubiertos con su capa de ceniza,
momentos del pasado muy felices
con otros de tensiones y vigilias.
La marcha del reloj y el calendario
no sabe de estas cosas tan sencillas,
no sabe que los hombres somos seres
que amamos y sentimos todavía.
Amamos a unos seres que son nuestros,
que forman con nosotros la familia,
sentimos como sienten los mortales,
llorando y sonriendo cada día.
Así nos despertamos, recordando,
llegando con laureles a la cita,
un antes con vacío y con la nada
y luego con las velas que iluminan.
La vida se compone de fragmentos,
de suaves y de dulces melodías,
en una caminamos paso a paso
y en otras hay un alma que palpita.
¡Ay viejo corazón, sigue latiendo,
bombea nuestra sangre más deprisa!,
el tiempo no se para ni detiene,
nosotros somos solo una cerilla.
Un día se encendieron unas velas,
quedaron en la vida suspendidas,
y brillan en la noche de los sueños
en medio de los cielos y la brisa.
Formamos ese coro, sin saberlo,
de ángeles, de obreros y de artistas,
con tiernos barrenderos, sonrientes,
que limpian nuestras sobras de sus migas.
¡Ay rudo corazón, ya envejecido!,
no busques tras las puertas y vitrinas
recuerdos y secretos del pasado
pues estos van contigo en su barquilla.
Y van en esa nave misteriosa
que parte día a día en la bahía,
se marchan con la aurora y la alborada
en busca de la esencia de la vida.
La vida es ese algo, que en nosotros,
nos dice en un susurro, mientras grita,
que amemos más allá de nuestras fuerzas,
con fé, con ilusión y valentía.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 15/09/09

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