La maleta ya está preparada,
la mochila me espera en silencio,
y los días aquí transcurridos
quedarán como un grato recuerdo.
Ya se van los amigos a casa,
a su tierra y país de muy lejos,
y se quedan los montes pisados
con mi huella grabada en el suelo.
Fueron días intensos vividos,
caminatas buscando los sueños
en las cumbres cubiertas de nubes
y el azul tan intenso del cielo.
Caminamos en largas jornadas,
compartimos sonrisas y besos,
y cruzamos los ríos bravíos,
y las sendas pisamos sin miedo.
Ha pasado la alegre semana
en que juntos vivimos riendo,
a pesar de entendernos apenas
y decirnos las cosas con gestos.
Nada empaña el momento vivido,
quedará muy guardado con celo
en el bello rincón de las almas
con los bosques de robles y hayedos.
Hubo fotos en puentes y lagos,
las marmotas salieron luciendo
ese tímido traje que llevan
camuflado de gris ceniciento.
Las comidas campestres del bosque
junto al agua del fiel riachuelo,
y ese vino tan fino y divino
en los labios un tanto resecos.
Nos dejaron la nota del arpa
estos días pasados y bellos
con momentos vividos sin prisa
y el reloj detenido en el tiempo.
Ya nos queda el sabor de los mismos,
el afecto y cariño sincero
del amigo que marcha a su tierra
mientras yo a mi Cantabria regreso.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 20/09/09
la mochila me espera en silencio,
y los días aquí transcurridos
quedarán como un grato recuerdo.
Ya se van los amigos a casa,
a su tierra y país de muy lejos,
y se quedan los montes pisados
con mi huella grabada en el suelo.
Fueron días intensos vividos,
caminatas buscando los sueños
en las cumbres cubiertas de nubes
y el azul tan intenso del cielo.
Caminamos en largas jornadas,
compartimos sonrisas y besos,
y cruzamos los ríos bravíos,
y las sendas pisamos sin miedo.
Ha pasado la alegre semana
en que juntos vivimos riendo,
a pesar de entendernos apenas
y decirnos las cosas con gestos.
Nada empaña el momento vivido,
quedará muy guardado con celo
en el bello rincón de las almas
con los bosques de robles y hayedos.
Hubo fotos en puentes y lagos,
las marmotas salieron luciendo
ese tímido traje que llevan
camuflado de gris ceniciento.
Las comidas campestres del bosque
junto al agua del fiel riachuelo,
y ese vino tan fino y divino
en los labios un tanto resecos.
Nos dejaron la nota del arpa
estos días pasados y bellos
con momentos vividos sin prisa
y el reloj detenido en el tiempo.
Ya nos queda el sabor de los mismos,
el afecto y cariño sincero
del amigo que marcha a su tierra
mientras yo a mi Cantabria regreso.
Rafael Sánchez Ortega ©
Soldeu 20/09/09

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