
Vengo a verte y a buscarte
al rincón de mis secretos,
donde guardo tantos llantos y suspiros,
donde existen aún las huellas
de sonrisas proclamadas en la tarde
y en la noche de otros días ya pasados
con cansancio y alegría que reparto,
por igual, en estas letras.
Vengo a verte y a decirte que aquí estoy,
quizás cansado y solitario,
quizás decepcionado de la vida
y abandonado entre los brazos de mis sueños.
...¡Sí, mis sueños, esos sueños!,
ellos son los globos fieles de los niños
con su eterna pesadilla,
y es allí donde se esconden
los momentos más sinceros que he tenido,
los minutos adorados y vividos
deseando hacer posible ese mundo
de ilusión y fantasía,
los segundos en que tuve entre mis manos
la caricia y la sonrisa de tus labios,
que me hablaban...
Sin embargo soy consciente de mis sueños,
de mi yo y mi realidad
y por eso no pretendo que tú sueñes,
ni te embarques en los mismos.
Cada hombre, cada ser, tiene sus sueños y deseos;
ambiciona cosas simples y sencillas,
sentimientos y suspiros
que se agolpan en su pecho deseando ver la vida.
Y por eso no te pido que tú sueñes en mi sueño,
ni que vivas en mi vida.
Es tu vida la que importa, para ti,
la que busca una salida,
la que llevas en tu cuerpo,
la que grita y se rebela,
la que lucha día a día intentando
hacerlo bien entre las sombras de tu alma.
Yo te admiro en esa lucha que tú llevas,
soportando temporales y tormentas,
estrechando el leve círculo de afecto
que reclamas y que entregas
a los seres más queridos de tu entorno
y tu familia.
Yo quisiera simplemente ser tu sombra
en la distancia,
ser el sueño que tu anhelas,
ser la letra que tu esperas,
ser el agua que te moja con la lluvia,
ser el viento que acaricia tus cabellos
y tu cara,
ser el dedo misterioso que recorre tu cintura
con la brisa y te hace estremecer,
yo quisiera ser el labio tembloroso de tu cara,
el que besa y el que habla,
quien sonríe quedamente y en silencio,
cuando escucha mis palabras.
Y por eso vengo a verte,
en la mañana de este día,
cuando suenan las campanas de las doce,
cuando siento que la vida nos separa
en nuestros mundos,
cuando pienso en los silencios compartidos
y en los ratos en que hablamos sin palabras.
Aún recuerdo tantas noches
y momentos del pasado
en que vi tus ojos tristes y cansados,
en que supe de tu vida con aquello que contabas,
sin pedirte nunca nada...
Tengo ganas de cerrar este cuaderno,
de volver de nuevo al mundo,
de dormir profundamente,
de perderme entre las gentes y el asfalto,
de marchar hacia la muerte
como marchan los mortales,
con sonrisas y con cantos,
con los sueños apagados,
con la luz de la linterna,
como faro, por la playa y por la noche.
Tengo ganas de ese algo que conoces
y que oculto,
de ese bello sentimiento
que ha nacido de mis sueños,
de ese miedo que reservo y hago mío,
ignorando lo que piensas,
lo que sientes,
lo que guardas en tu pecho,
lo que sueñas...
¡Tengo ganas, tengo miedo y vengo a verte!...
Con mis letras, con mis signos,
que han nacido, como siempre,
para ti, desde el silencio.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/06/09
al rincón de mis secretos,
donde guardo tantos llantos y suspiros,
donde existen aún las huellas
de sonrisas proclamadas en la tarde
y en la noche de otros días ya pasados
con cansancio y alegría que reparto,
por igual, en estas letras.
Vengo a verte y a decirte que aquí estoy,
quizás cansado y solitario,
quizás decepcionado de la vida
y abandonado entre los brazos de mis sueños.
...¡Sí, mis sueños, esos sueños!,
ellos son los globos fieles de los niños
con su eterna pesadilla,
y es allí donde se esconden
los momentos más sinceros que he tenido,
los minutos adorados y vividos
deseando hacer posible ese mundo
de ilusión y fantasía,
los segundos en que tuve entre mis manos
la caricia y la sonrisa de tus labios,
que me hablaban...
Sin embargo soy consciente de mis sueños,
de mi yo y mi realidad
y por eso no pretendo que tú sueñes,
ni te embarques en los mismos.
Cada hombre, cada ser, tiene sus sueños y deseos;
ambiciona cosas simples y sencillas,
sentimientos y suspiros
que se agolpan en su pecho deseando ver la vida.
Y por eso no te pido que tú sueñes en mi sueño,
ni que vivas en mi vida.
Es tu vida la que importa, para ti,
la que busca una salida,
la que llevas en tu cuerpo,
la que grita y se rebela,
la que lucha día a día intentando
hacerlo bien entre las sombras de tu alma.
Yo te admiro en esa lucha que tú llevas,
soportando temporales y tormentas,
estrechando el leve círculo de afecto
que reclamas y que entregas
a los seres más queridos de tu entorno
y tu familia.
Yo quisiera simplemente ser tu sombra
en la distancia,
ser el sueño que tu anhelas,
ser la letra que tu esperas,
ser el agua que te moja con la lluvia,
ser el viento que acaricia tus cabellos
y tu cara,
ser el dedo misterioso que recorre tu cintura
con la brisa y te hace estremecer,
yo quisiera ser el labio tembloroso de tu cara,
el que besa y el que habla,
quien sonríe quedamente y en silencio,
cuando escucha mis palabras.
Y por eso vengo a verte,
en la mañana de este día,
cuando suenan las campanas de las doce,
cuando siento que la vida nos separa
en nuestros mundos,
cuando pienso en los silencios compartidos
y en los ratos en que hablamos sin palabras.
Aún recuerdo tantas noches
y momentos del pasado
en que vi tus ojos tristes y cansados,
en que supe de tu vida con aquello que contabas,
sin pedirte nunca nada...
Tengo ganas de cerrar este cuaderno,
de volver de nuevo al mundo,
de dormir profundamente,
de perderme entre las gentes y el asfalto,
de marchar hacia la muerte
como marchan los mortales,
con sonrisas y con cantos,
con los sueños apagados,
con la luz de la linterna,
como faro, por la playa y por la noche.
Tengo ganas de ese algo que conoces
y que oculto,
de ese bello sentimiento
que ha nacido de mis sueños,
de ese miedo que reservo y hago mío,
ignorando lo que piensas,
lo que sientes,
lo que guardas en tu pecho,
lo que sueñas...
¡Tengo ganas, tengo miedo y vengo a verte!...
Con mis letras, con mis signos,
que han nacido, como siempre,
para ti, desde el silencio.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/06/09

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