viernes, 17 de abril de 2009

YO LE HICE A LA VIDA MIL PREGUNTAS


Yo le hice a la vida mil preguntas
obteniendo silencio en sus respuestas,
pregunté por la vida y por los hombres
por los sueños que nacen y se alejan.

Pregunté por los niños sin comida,
por los padres y madres que pelean,
y los dejan sin besos y caricias
entre llantos con lágrimas y penas.

Pregunté por lo injusto de esta vida,
con los hombres muriendo por las guerras,
tras la inepta conducta del político
que no sabe del hambre y las trincheras.

Pregunté por la vida que se acaba,
por la muerte que viene y que nos lleva,
a ese mundo plagado de misterios,
donde van esas almas que nos dejan.

Pregunté por los años que se pasan
persiguiendo los sueños y princesas,
sin saber que hay un sueño en esta vida
y hay un mar con sus olas que nos besa.

Pregunté a los hombres que pasaban
por el Dios, ese Hombre con su entrega,
esa muerte sufrida en el Calvario
por nosotros, los hombres de la tierra.

Pregunté con un grito desgarrado
los motivos del odio y de la ausencia,
donde el hombre se olvida del hermano
por envidias y celos que se engendran.

...Un silencio fue el eco a mis preguntas,
un silencio carente de respuestas,
un silencio más frío que los hielos
el que heló mis sentidos y conciencia.

Y en silencio quedé con mis preguntas
contemplando la llama y las pavesas,
de ese fuego que acaba lentamente
y consume los leños de mi hoguera.

Es la vida le dije a las preguntas
la que marca las horas y las fechas,
la que hace que amemos y vivamos,
la que impulsa al velero que me lleva.

Esa barca navega por la vida,
con la brisa y el soplo que le llega,
a pesar de las dudas y preguntas,
con mi alma salvando la tormenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/04/09

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