
Tu pintas a mis sueños de colores
y trazas una eterna melodía,
el cuadro en que lo pintas es sagrado,
y brotan en el mismo margaritas.
Tu cantas, tarareando mil canciones,
que brotan de tu linda vocecita,
en ellas quedan ramas y recuerdos
del bosque que has pasado muy deprisa.
Hoy lucen unas nubes en los cielos
y danzan con rigor las golondrinas,
el baile con sus giros imprevistos
que alegran la mañana tan bonita.
Tú sigues concentrada en ese cuadro,
tus dedos lo recorren y palpitan,
dás vida con tu gracia a los colores
haciendo que se alegre más la vista.
Quisiera ser los dedos que recorren
la tela de ese cuadro renacida,
el surco y el arado de la tierra,
la flor que nos derrama sus semillas.
Quisiera ser la voz de tu garganta
la fresca y olorosa manzanilla,
que escapa de tus labios primorosos
dejando en mis oídos su caricia.
Tu sacas a mis sueños de colores
y dejas en la tela lo que pintas,
aquello conseguido con paciencia
en noches y mañanas de vigilia.
Por eso yo me quedo contemplando
los rasgos de ilusión y fantasía,
los mismos que tú sacas de mi pecho
y dejas en la tela que dormita.
Ya acabas tus canciones y susurros,
tu voz ensoñadora se termina,
me dejas en mi mundo, con los sueños,
me dejas con tu amor y compañía.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/04/09
y trazas una eterna melodía,
el cuadro en que lo pintas es sagrado,
y brotan en el mismo margaritas.
Tu cantas, tarareando mil canciones,
que brotan de tu linda vocecita,
en ellas quedan ramas y recuerdos
del bosque que has pasado muy deprisa.
Hoy lucen unas nubes en los cielos
y danzan con rigor las golondrinas,
el baile con sus giros imprevistos
que alegran la mañana tan bonita.
Tú sigues concentrada en ese cuadro,
tus dedos lo recorren y palpitan,
dás vida con tu gracia a los colores
haciendo que se alegre más la vista.
Quisiera ser los dedos que recorren
la tela de ese cuadro renacida,
el surco y el arado de la tierra,
la flor que nos derrama sus semillas.
Quisiera ser la voz de tu garganta
la fresca y olorosa manzanilla,
que escapa de tus labios primorosos
dejando en mis oídos su caricia.
Tu sacas a mis sueños de colores
y dejas en la tela lo que pintas,
aquello conseguido con paciencia
en noches y mañanas de vigilia.
Por eso yo me quedo contemplando
los rasgos de ilusión y fantasía,
los mismos que tú sacas de mi pecho
y dejas en la tela que dormita.
Ya acabas tus canciones y susurros,
tu voz ensoñadora se termina,
me dejas en mi mundo, con los sueños,
me dejas con tu amor y compañía.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/04/09

2 comentarios:
Y que maravillosos mundo de sueños Rafael, en él creamos fantasías.
Un abrazo
Lo hacemos todos Amy.
Un abrazo.
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