
Miraremos las olas en la playa,
buscaremos las flores en el campo,
para ver esa vida que ahora llega
y que duerme en la tarde, en el ocaso.
Hay cometas que vuelan por los cielos,
de los niños, que de ellas van tirando,
y planean movidas por los aires,
en un vuelo quizás desangelado.
También llegan coquetas mariposas,
con sus trajes chillones y de largo,
ofreciendo colores en el día
y también esa gracia y desparpajo.
Sin embargo te llevo a ver la vida,
esa vida que surge a nuestro lado,
con las luces de aurora en la mañana,
que calientan la casa con sus rayos.
Atrás quedan las sombras de la noche
confundidas en lechos y tejados,
con el polvo y quizás las telarañas
de momentos vividos no hace tanto.
Yo te llevo a ese mundo que es mi mundo,
a la vida que late sin descanso,
para ver como sube la marea,
para ver marineros en sus barcos.
Las gaviotas planean silenciosas
y vigilan pacientes nuestros pasos,
mientras llegan las olas a la playa
y nos dejan mensajes en su canto.
Pero el mundo es más mundo todavía
a pesar de los puertos que yo hablo;
hay mesetas y tierras de cultivo,
hay campiñas y vegas con sus campos.
Esa tierra es la tierra donde vivo
y ese mar es el mar que tanto amo;
no renuncio a la tierra de mis padres,
ni tampoco a ese mar verde azulado.
Hay un nudo y un cruce de pasiones
entre el mar y la tierra que relato,
y por eso yo quiero que las veas
y que sientas su canto acelerado.
Ese canto que suena en las campiñas,
con el otro que deja el mar tan bravo,
son reflejo constante de la vida
y me dicen amor, que existe un lazo.
Es la vida y el lazo de los hombres,
es aquel que los dioses nos dejaron,
es el lazo de vida y esperanza
es el lazo de amor, como regalo.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/03/09
buscaremos las flores en el campo,
para ver esa vida que ahora llega
y que duerme en la tarde, en el ocaso.
Hay cometas que vuelan por los cielos,
de los niños, que de ellas van tirando,
y planean movidas por los aires,
en un vuelo quizás desangelado.
También llegan coquetas mariposas,
con sus trajes chillones y de largo,
ofreciendo colores en el día
y también esa gracia y desparpajo.
Sin embargo te llevo a ver la vida,
esa vida que surge a nuestro lado,
con las luces de aurora en la mañana,
que calientan la casa con sus rayos.
Atrás quedan las sombras de la noche
confundidas en lechos y tejados,
con el polvo y quizás las telarañas
de momentos vividos no hace tanto.
Yo te llevo a ese mundo que es mi mundo,
a la vida que late sin descanso,
para ver como sube la marea,
para ver marineros en sus barcos.
Las gaviotas planean silenciosas
y vigilan pacientes nuestros pasos,
mientras llegan las olas a la playa
y nos dejan mensajes en su canto.
Pero el mundo es más mundo todavía
a pesar de los puertos que yo hablo;
hay mesetas y tierras de cultivo,
hay campiñas y vegas con sus campos.
Esa tierra es la tierra donde vivo
y ese mar es el mar que tanto amo;
no renuncio a la tierra de mis padres,
ni tampoco a ese mar verde azulado.
Hay un nudo y un cruce de pasiones
entre el mar y la tierra que relato,
y por eso yo quiero que las veas
y que sientas su canto acelerado.
Ese canto que suena en las campiñas,
con el otro que deja el mar tan bravo,
son reflejo constante de la vida
y me dicen amor, que existe un lazo.
Es la vida y el lazo de los hombres,
es aquel que los dioses nos dejaron,
es el lazo de vida y esperanza
es el lazo de amor, como regalo.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/03/09

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