
Hiciste del amor una alegría
con tu sonrisa libre y tan sincera,
y así te vi, tan bella y primorosa,
que a ti llevé mis pasos tras tus huellas.
Y se juntaron nuestros dos caminos
en el jardín hermoso de la Vega,
donde la jara y el tomillo crecen
bajo ese sol que brilla en primavera.
Y allí surgió una sabia floreciente
para crecer hermosa entre la yerba
para llevar al cielo los suspiros
con esas flores dulces de la tierra.
Y la sonrisa tierna y candorosa
llevó a mis sienes blancas, tu terneza,
y trajo al fín, el grave escalofrío,
para decirme si, que te siguiera.
Que no temiera nada en este mundo
sólo el amor enorme que tú llevas,
que ponga aquí, tu mano en mi costado,
para sentir la sangre de mis venas.
Y ese latir veloz y acelerado
del ronco corazón que a ti te espera;
él te dirá palabras en silencio
con su tic-tac ladino que resuena.
Hiciste del amor una alegría
y yo busqué la misma con presteza,
para poner la misma entre mis labios
y, regalarte a ti, lo que me entregas.
Esa sonrisa alegre y cantarina,
ese frescor tan dulce que me llena,
que vuelve a ti, cual eco presuroso,
con ese amor que entrego sin reservas.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/03/09
con tu sonrisa libre y tan sincera,
y así te vi, tan bella y primorosa,
que a ti llevé mis pasos tras tus huellas.
Y se juntaron nuestros dos caminos
en el jardín hermoso de la Vega,
donde la jara y el tomillo crecen
bajo ese sol que brilla en primavera.
Y allí surgió una sabia floreciente
para crecer hermosa entre la yerba
para llevar al cielo los suspiros
con esas flores dulces de la tierra.
Y la sonrisa tierna y candorosa
llevó a mis sienes blancas, tu terneza,
y trajo al fín, el grave escalofrío,
para decirme si, que te siguiera.
Que no temiera nada en este mundo
sólo el amor enorme que tú llevas,
que ponga aquí, tu mano en mi costado,
para sentir la sangre de mis venas.
Y ese latir veloz y acelerado
del ronco corazón que a ti te espera;
él te dirá palabras en silencio
con su tic-tac ladino que resuena.
Hiciste del amor una alegría
y yo busqué la misma con presteza,
para poner la misma entre mis labios
y, regalarte a ti, lo que me entregas.
Esa sonrisa alegre y cantarina,
ese frescor tan dulce que me llena,
que vuelve a ti, cual eco presuroso,
con ese amor que entrego sin reservas.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/03/09

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