
No quiero soledad en esta noche,
yo quiero tu sonrisa y tu palabra,
las quiero como nunca yo he querido,
las quiero desde el fondo de mi alma.
Yo quiero tu palabra tan sincera
la misma que me alienta y que me llama,
y quiero tu sonrisa seductora
los labios con sus pétalos de grana.
Yo quiero ese perfume que me ofreces,
la esencia de tu piel con su fragancia,
llegando hasta mi lado y que me envuelvas
cubriéndome mi amor, bajo tus alas.
No quiero soledad en esta noche
y quiero que repiquen las campanas,
que llamen presurosas a los hombres
que salgan de sus pisos a la plaza.
Que vayan a mirar a los luceros,
la luna de febrero plateada,
que rompan los faroles esas sombras
y alumbren las fachadas y las casas.
Yo quiero chirimías y canciones,
que suenen y que vibren las guitarras,
y quiero castañuelas que repiquen
mezcladas con los bailes y las palmas.
No quiero soledad en esta noche
y quiero que vayamos a la playa,
con paso comedido, de la mano,
andando descalcitos por el agua.
Y quiero que nos miren las sirenas,
que envidien nuestra paz y nuestra calma,
que aprendan que el amor es muy sencillo
si das y si recibes lo que amas.
Yo quiero que se agiten en su lecho
las dulces caracolas y las algas,
que tiemblen y que bailen en la noche,
y salgan y se adornen con sus galas.
No quiero soledad en esta noche,
suspiro mientras siento tu mirada;
ya sé que tú me miras en silencio,
y miras más allá de la distancia.
Y miras al espacio, al infinito,
y buscas con tus ojos de gitana,
me miras y sonríes tiernamente,
me hablas y me acunas en tu cama.
Me dices en silencio que me quieres
y busco con mis besos a tu cara,
te duermes en mis brazos, vida mía,
y amamos y dormimos sin tardanza.
Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 02/02/09
yo quiero tu sonrisa y tu palabra,
las quiero como nunca yo he querido,
las quiero desde el fondo de mi alma.
Yo quiero tu palabra tan sincera
la misma que me alienta y que me llama,
y quiero tu sonrisa seductora
los labios con sus pétalos de grana.
Yo quiero ese perfume que me ofreces,
la esencia de tu piel con su fragancia,
llegando hasta mi lado y que me envuelvas
cubriéndome mi amor, bajo tus alas.
No quiero soledad en esta noche
y quiero que repiquen las campanas,
que llamen presurosas a los hombres
que salgan de sus pisos a la plaza.
Que vayan a mirar a los luceros,
la luna de febrero plateada,
que rompan los faroles esas sombras
y alumbren las fachadas y las casas.
Yo quiero chirimías y canciones,
que suenen y que vibren las guitarras,
y quiero castañuelas que repiquen
mezcladas con los bailes y las palmas.
No quiero soledad en esta noche
y quiero que vayamos a la playa,
con paso comedido, de la mano,
andando descalcitos por el agua.
Y quiero que nos miren las sirenas,
que envidien nuestra paz y nuestra calma,
que aprendan que el amor es muy sencillo
si das y si recibes lo que amas.
Yo quiero que se agiten en su lecho
las dulces caracolas y las algas,
que tiemblen y que bailen en la noche,
y salgan y se adornen con sus galas.
No quiero soledad en esta noche,
suspiro mientras siento tu mirada;
ya sé que tú me miras en silencio,
y miras más allá de la distancia.
Y miras al espacio, al infinito,
y buscas con tus ojos de gitana,
me miras y sonríes tiernamente,
me hablas y me acunas en tu cama.
Me dices en silencio que me quieres
y busco con mis besos a tu cara,
te duermes en mis brazos, vida mía,
y amamos y dormimos sin tardanza.
Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 02/02/09

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