Dejaremos que mueran los sueños
y que crezca despacio el olvido,
que los días pasados no vuelvan
y se queden callados mis gritos.
Hace tiempo que están marchitados,
y en el pecho no crecen los lirios,
los jazmines y rosas no brotan
y en mis labios se asoman suspiros.
Sin embargo mis ojos no lloran,
ya no tienen su risa y su brillo,
han perdido quizás la alegría,
y la tierna mirada de niño.
Dejaremos que muera la vida
y nos deje el invierno su frío,
y con él esa nieve tan blanca,
ese manto de amor y de armiño.
Ya la vida ha perdido su gracia
y su azul ya se torna amarillo,
ya no corre la sangre en las venas,
ya no siento en mi pecho el latido.
Es mejor que la vida se pase
y que vengan los vientos alisios,
y que borre tu nombre en mi playa
y que vengan las olas con brío.
Dejaremos que muera y que vuele
nuestro amor que nació con cariño,
aquel lazo de seda tan grana
que a tu pecho enlazó con el mío.
Ya no importa que suenen clarines,
ni que suenen deprisa las cinco,
ya no importa mi amor, nada importa,
te has marchado a seguir tu camino.
Atrás queda el guerrero soñado,
derrotado y con sueños invictos,
con su ropa deshecha, en jirones,
y su rostro ya está envejecido.
Dejaremos que mueran los sueños,
pues los sueños son sueños marchitos,
marcharemos mi amor, por la tierra,
por caminos y mundos distintos.
Y sí un día a tu lado me cruzo
trataré de saber si estoy vivo,
mientras llevo mi mano hacia el pecho
a buscar ese dulce latido.
El volcán apagado del alma,
con su lava ya muerta en el río,
esperando ser sólo un recuerdo
del pasado y tu voz que se han ido.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/02/09
y que crezca despacio el olvido,
que los días pasados no vuelvan
y se queden callados mis gritos.
Hace tiempo que están marchitados,
y en el pecho no crecen los lirios,
los jazmines y rosas no brotan
y en mis labios se asoman suspiros.
Sin embargo mis ojos no lloran,
ya no tienen su risa y su brillo,
han perdido quizás la alegría,
y la tierna mirada de niño.
Dejaremos que muera la vida
y nos deje el invierno su frío,
y con él esa nieve tan blanca,
ese manto de amor y de armiño.
Ya la vida ha perdido su gracia
y su azul ya se torna amarillo,
ya no corre la sangre en las venas,
ya no siento en mi pecho el latido.
Es mejor que la vida se pase
y que vengan los vientos alisios,
y que borre tu nombre en mi playa
y que vengan las olas con brío.
Dejaremos que muera y que vuele
nuestro amor que nació con cariño,
aquel lazo de seda tan grana
que a tu pecho enlazó con el mío.
Ya no importa que suenen clarines,
ni que suenen deprisa las cinco,
ya no importa mi amor, nada importa,
te has marchado a seguir tu camino.
Atrás queda el guerrero soñado,
derrotado y con sueños invictos,
con su ropa deshecha, en jirones,
y su rostro ya está envejecido.
Dejaremos que mueran los sueños,
pues los sueños son sueños marchitos,
marcharemos mi amor, por la tierra,
por caminos y mundos distintos.
Y sí un día a tu lado me cruzo
trataré de saber si estoy vivo,
mientras llevo mi mano hacia el pecho
a buscar ese dulce latido.
El volcán apagado del alma,
con su lava ya muerta en el río,
esperando ser sólo un recuerdo
del pasado y tu voz que se han ido.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/02/09

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