
Cuando todo te falte regresará el silencio,
la noche con las sombras aquellas que no han muerto,
fantasmas del pasado vestidos con sus velos,
las negras golondrinas que van tras los vencejos,
la torre de la iglesia dejando sus lamentos,
los sones desgarrados que dejan los recuerdos.
Hay gritos que se escuchan también en los desiertos,
hay rosas y jazmines que esperan otros reinos,
hay lechos perfumados, suspiros en los pechos,
hay manos que se agitan y buscan otros cuerpos,
hay brisas y susurros que van hasta tu pelo,
son notas simplemente que dejan mi lamento.
Atrás quedó la vida los sabios y los necios,
los hombres con su risa los bancos y el dinero,
atrás quedó la aldea, el trigo y el centeno
las manos arrugadas cavando con denuedo,
atrás quedamos todos, paisanos y labriegos
los hijos de la vida vencidos sin desprecio.
Yo quiero no me falte la paz del cementerio,
la tumba cristalina, la cama con su obsequio,
el viento que suspire el canto del guerrero,
las tropas imperiales que van sobre los vientos,
los ángeles soñados que viven en el cielo,
los otros derrotados que están en los infiernos.
Por eso yo camino con paso más bien lento,
la frente descubierta pensando lo que pienso,
por eso yo te grito y quiero aquí mi premio,
no quiero rosas blancas, laureles y luceros,
yo quiero que me mires y veas lo que veo,
te quiero a ti, mi vida, te quiero amor, te quiero.
Y quiero que lo sepas deprisa y sin asedio,
que notes mi latido, la sangre con su fuego,
el río que ahora fluye y marcha hacia el océano,
los nervios contenidos, la rabia con el miedo,
y quiero que tú sientas también lo que yo siento,
y bebas de mis labios el néctar que yo bebo.
El vino de la vida robado a los milenios,
los meses y los días, los años plañideros,
aquellos que vivimos juntando nuestros sueños,
aquellos que labramos uniendo nuestro aliento,
la uva deseada pisada con esmero...
...¡El vino de la vida que bebas en mis besos!
Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 27/10/09
la noche con las sombras aquellas que no han muerto,
fantasmas del pasado vestidos con sus velos,
las negras golondrinas que van tras los vencejos,
la torre de la iglesia dejando sus lamentos,
los sones desgarrados que dejan los recuerdos.
Hay gritos que se escuchan también en los desiertos,
hay rosas y jazmines que esperan otros reinos,
hay lechos perfumados, suspiros en los pechos,
hay manos que se agitan y buscan otros cuerpos,
hay brisas y susurros que van hasta tu pelo,
son notas simplemente que dejan mi lamento.
Atrás quedó la vida los sabios y los necios,
los hombres con su risa los bancos y el dinero,
atrás quedó la aldea, el trigo y el centeno
las manos arrugadas cavando con denuedo,
atrás quedamos todos, paisanos y labriegos
los hijos de la vida vencidos sin desprecio.
Yo quiero no me falte la paz del cementerio,
la tumba cristalina, la cama con su obsequio,
el viento que suspire el canto del guerrero,
las tropas imperiales que van sobre los vientos,
los ángeles soñados que viven en el cielo,
los otros derrotados que están en los infiernos.
Por eso yo camino con paso más bien lento,
la frente descubierta pensando lo que pienso,
por eso yo te grito y quiero aquí mi premio,
no quiero rosas blancas, laureles y luceros,
yo quiero que me mires y veas lo que veo,
te quiero a ti, mi vida, te quiero amor, te quiero.
Y quiero que lo sepas deprisa y sin asedio,
que notes mi latido, la sangre con su fuego,
el río que ahora fluye y marcha hacia el océano,
los nervios contenidos, la rabia con el miedo,
y quiero que tú sientas también lo que yo siento,
y bebas de mis labios el néctar que yo bebo.
El vino de la vida robado a los milenios,
los meses y los días, los años plañideros,
aquellos que vivimos juntando nuestros sueños,
aquellos que labramos uniendo nuestro aliento,
la uva deseada pisada con esmero...
...¡El vino de la vida que bebas en mis besos!
Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 27/10/09

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