sábado, 31 de enero de 2009

CUANDO UNA PUERTA SE CIERRA


Cuando una puerta se cierra
algo en la casa se duerme,
se quedan sí, los recuerdos
y quedan trastos y muebles.

Quedan cerradas persianas,
quedan sin voz las paredes,
y van las sombras quedando
como si nadie viviese.

Así se marcha la vida,
así la muerte se viene,
cuando se cierra la puerta
cuando la luz se oscurece.

Se va quedando sin fuerzas,
el cuerpo ya palidece,
el alma grita y suplica,
el agua corre en la fuente.

Yo pediría unas gotas
para llevar a mi frente,
para besar a mis labios
para aliviar mis grilletes.

Cuando una puerta se cierra
se queda atrás la corriente,
se queda la vida entera
con su corona y laureles.

Y quedan en ese cuadro
recuerdos de otros noviembres,
recuerdos que son pasado,
recuerdos que ya no vuelven.

Y los recuerdos se pasan
mientras los cuerpos perecen,
con esas puertas que suenan
en sus portales agrestes.

Atrás dejamos pasiones
y tentaciones endebles,
atrás dejamos suspiros
que los recoge el nordeste.

La brisa del aire fresco
la seda gris y envolvente,
ese susurro que sale
de tantos pechos y seres.

Cuando una puerta se cierra
se cierra si, eternamente,
cuando la vida termina
y marcha el alma a los jueces.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/01/09

2 comentarios:

amy dijo...

Cuando una puerta se cierra... dos puertas he cerrado, en una sentí alivio momentáneo, por instantes creí mi cuerpo más ligero y me prometí no volver, y la segunda, no era el momento y no estaba preparada, solo la sigo cargando en mis recuerdos.
Abrazos.

Rafael dijo...

A lo largo de la vida se cierran y abren muchas puertas. Unas más alegres y otras dolorosas. Por eso se tiene miedo a volver abrir nuevas puertas, ya que los recuerdos pesan en el alma.
Un abrazo y feliz día.