
Con paso vacilante y lentamente
camino sin descanso al infinito,
no sé de las paradas en posadas
tampoco de comidas y buen vino.
Yo marcho por senderos y cañadas
siguiendo a los rebaños como un niño,
y busco los paisajes y los prados
huyendo de los hielos y del frío.
Atrás quedaron solas las montañas,
la nieve encaramada por sus riscos,
las cumbres señoriales de mi tierra
los pueblos entrañables que no olvido.
Costó que abandonara los ancestros,
los sitios y lugares recorridos,
aquellas callejuelas de mi infancia,
los juegos practicados en mil sitios.
Costó dejara anclados los recuerdos,
cortar aquella cuerda con sigilo,
salir hacia la vida con presteza,
marchar de esos lugares tan bonitos.
Y ahora yo me encuentro caminando
buscando con mis pasos el destino,
la dulce primavera de mi infancia,
el sol tan caluroso del estío.
Se agolpan las palabras en mi pecho
y caen las tiernas hojas de los tilos,
otoño ya ha llegado sin saberlo
los robles y las hayas lo han sabido.
Pasamos por la vida en un instante,
y llegan los inviernos y el granizo,
las nubes y las nieves de tormenta,
los campos de secano sin el trigo.
Por eso yo camino hacia adelante,
ahogándose en el pecho los gemidos,
sufriendo en este viaje mil calvarios,
huyendo del estraño pasadizo.
La vida siembra dudas y claveles,
las unas las combato y las evito,
más siempre quedan sombras en la noche,
y restos de un pasado dolorido.
Me quedan los claveles en los campos,
a esos yo los guardo y los cultivo,
por ellos yo me entrego cada día
y mimo en este invierno con cariño.
Camino con mi paso vacilante,
camino hacia la nada, que es mi sino,
camino mientras siento tu palabra,
y busco el labio amado que es el mío.
Rafael Sánchez Ortega ©
10/01/09
camino sin descanso al infinito,
no sé de las paradas en posadas
tampoco de comidas y buen vino.
Yo marcho por senderos y cañadas
siguiendo a los rebaños como un niño,
y busco los paisajes y los prados
huyendo de los hielos y del frío.
Atrás quedaron solas las montañas,
la nieve encaramada por sus riscos,
las cumbres señoriales de mi tierra
los pueblos entrañables que no olvido.
Costó que abandonara los ancestros,
los sitios y lugares recorridos,
aquellas callejuelas de mi infancia,
los juegos practicados en mil sitios.
Costó dejara anclados los recuerdos,
cortar aquella cuerda con sigilo,
salir hacia la vida con presteza,
marchar de esos lugares tan bonitos.
Y ahora yo me encuentro caminando
buscando con mis pasos el destino,
la dulce primavera de mi infancia,
el sol tan caluroso del estío.
Se agolpan las palabras en mi pecho
y caen las tiernas hojas de los tilos,
otoño ya ha llegado sin saberlo
los robles y las hayas lo han sabido.
Pasamos por la vida en un instante,
y llegan los inviernos y el granizo,
las nubes y las nieves de tormenta,
los campos de secano sin el trigo.
Por eso yo camino hacia adelante,
ahogándose en el pecho los gemidos,
sufriendo en este viaje mil calvarios,
huyendo del estraño pasadizo.
La vida siembra dudas y claveles,
las unas las combato y las evito,
más siempre quedan sombras en la noche,
y restos de un pasado dolorido.
Me quedan los claveles en los campos,
a esos yo los guardo y los cultivo,
por ellos yo me entrego cada día
y mimo en este invierno con cariño.
Camino con mi paso vacilante,
camino hacia la nada, que es mi sino,
camino mientras siento tu palabra,
y busco el labio amado que es el mío.
Rafael Sánchez Ortega ©
10/01/09

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